viernes, 22 de febrero de 2013

Nuevos apuntes históricos sobre el Hospital Rosales. Parte 2/3



En la parte I de este artículo, publicado en el blog anterior, comentábamos sobre el proceso histórico que ha llevado la organización denominada Hospital Nacional Rosales, en honor al insigne y filántropo salvadoreño José Rosales. Me inclino más por el término de organización que institución ya que la primera expresión la constituyen las personas: el ser humano; mientras tanto que institución es un término que  involucra, en el orden social, la normalización del comportamiento de un grupo de individuos a través de instrumentos técnicos jurídicos como leyes, normas, tratados, convenios, acuerdos, entre otros.

La fortuna de José Rosales ascendía a un millón de pesos de la época, sin embargo hubo que hacer deducciones traducidas en las sumas que su esposa, Carmen Ungo, introdujo al matrimonio y las ganancias que por ley le correspondían; así como algunas otras donaciones a personas allegadas a él, quedando para el hospital mas de 400 mil pesos. Hay que hacer mención que José Rosales no tuvo descendencia. Para ese tiempo se había hecho una estimación que este sanatorio se construiría con un aproximado de 100 mil pesos; más sin embargo como puede verse en la transcripción de la declaración décima de su testamento, no se podía extraer dinero que no estuviese destinado para tal fin, es decir, su construcción. La cláusula décima reza:

...“Cláusula décima: Declara que no teniendo herederos forzosos instituye como único heredero de todos sus bienes, al Hospital General de esta ciudad, debiendo administrarse  separadamente por la Junta respectiva, para que no pueda invertirse parte alguna en objetos que no sean propios del referido establecimiento, quedando expresamente prohibido a la Junta dar mutuo a cualquier título y a ninguna persona cantidad alguna, pues en caso contrario, dejará por ese hecho de ser heredero de sus bienes dicho hospital y pasará dicha herencia a los pobres de Inglaterra a quienes instituye por sus herederos sustitutos”...

José Rosales fue considerado como uno de los banqueros criollos más destacados del periodo decimonónico (siglo XIX); además de gobernar la naciente República de El Salvador como Tercer Designado del 18 al 22 de junio de 1885; entregando la Primera Magistratura al General Francisco Menéndez, quien posteriormente lo nombró como consejero de Estado.



Hacíamos también referencia, en la parte I de  este texto, que el Hospital Rosales surge con la idea de formar parte del Centro Médico Nacional: un complejo y completo centro nacional  de especialidades médicas; el cual requería necesariamente de la adquisición de una gran cantidad de terrenos. Los inmuebles que donó José Rosales tenían una pequeña extensión, precisamente lo que actualmente constituye el nosocomio; con su aportación económica se adquirieron otras parcelas -de pequeño, mediano y gran tamaño-, tales como: el parque Cuscatlán; la Escuela de Medicina de la Universidad de El Salvador, conocido como La Rotonda; terrenos que en la década de los 70's y mediados de los 80's eran canchas de fútbol que se conocieron como El Arenal (lo que hoy día son las edificaciones de los Hospitales Oncológico y Médico Quirúrgico del Instituto Salvadoreño del Seguro Social -ISSS- que surgieron a raíz de la emergencia del terremoto del 10 de octubre de 1986); asimismo solares del actual Hospital de Maternidad; el Instituto del Cáncer; la seccional del Cuerpo de Bomberos; la fábrica de artefactos del Ministerio de Salud -MINSAL-; la comunidad Tutunichapa; el edificio Max Bloch, propiedad del MINSAL y el terreno de lo que hoy se conoce como el ex Hospital Militar. 

Para consolidar el sueño para la creación del Centro Médico Nacional, la Junta de Administración adquirió nuevos terrenos aledaños al Hospital Rosales, los cuales se cristalizaron con lo que fue  el Hospital de Infantes Benjamín Bloom (infraestructura que actualmente lo constituyen el Hospital Primero de Mayo, propiedad del ISSS y el edificio Bloom, en la esquina de la Calle Arce y 23 avenida norte); la colonia Bloom (una parte en total abandono; otra parte recuperada por la administración municipal de la Dra. Violeta Menjívar y que forma parte del Centro Cultural Bloom -colindante con una de las pocas calles empedradas, y quizá la última,  que quedan en San Salvador: el pasaje Bloom-); y otra parte donde está una gasolinera (se desconoce bajo que figura ha sido concedida una propiedad  pública para fines eminentemente privados); y lo que fue una de las obras físicas del Hospital de la Administración Nacional de Telecomunicaciones -ANTEL- (hoy Hospital General del ISSS). De igual manera se adquirieron terrenos colindantes con lo que en la actualidad son servidumbres del cementerio general de San Salvador y cuyas propiedades están bajo inscripción del MINSAL.

Con este panorama queda la invitación a investigadores, Autoridades y otros funcionarios hacer una revisión de cómo, por qué y a través de qué vías se cedió, concesionó, donó, se dio en calidad de pago, comodato, acuerdos de Consejo de Ministros, entre otros, los diferentes terrenos a los que se ha hecho referencia y de los cuales no ejerce la posesión de estos bienes el Hospital Rosales. Un dato importante que tiene que ver con lo anteriormente citado es la   creación del Hospital Militar, dependencia del Ministerio de Guerra, el cual se vendió por 20 mil pesos al morir Don José Rosales. De igual manera la apertura,  en enero de 1925,  del Sanatorio Popular Antituberculoso en los terrenos del actual parque Cuscatlán; aunque de esto no hay evidencia de la infraestructura instalada, de lo que se supone pudo haber desaparecido en los terremotos de San Salvador de mayo de1932, octubre de 1937 o el de abril de 1961; o en su defecto demolido al ser cedido los terrenos a la Alcaldía Municipal de San Salvador. El origen de la cesión de estos bienes es variado, para el caso a modelo de ejemplos:

Los terrenos que hoy día ocupa el Instituto del Cáncer fueron dados en comodato por 75 años por medio del Decreto Legislativo No. 501 del 2 de marzo de 1972, publicado en el Diario Oficial, tomo 234, del 16 de marzo de 1972.

El espacio físico que actualmente ocupan los Hospitales Oncológico y Médico Quirúrgico del ISSS fueron otorgados por el Estado mediante cesión de pago, según Acuerdo 17  del Poder Ejecutivo del 24 de febrero de 1971. Curioso es el caso que el documento de Acuerdo no se ha podido encontrar, a pesar de su constante búsqueda; se desconoce si realmente existe. Estos terrenos siguen estando inscritos a favor del Hospital Rosales.

Finalmente podemos decir que desde el 13 de julio de 1902, casi once años después de colocada la primera piedra, el hospital no ha dejado de brindar cuidados médicos a todos los salvadoreños y salvadoreñas que han necesitado de sus servicios. Esta atención ininterrumpida se ha dado en los momentos más difíciles del país (guerras, terremotos, entre otros). Sus instalaciones han sufrido algunas modificaciones en su infraestructura, pero han sido intocables las construcciones antiguas. La armazón metálica se ha mantenido en pie desde el 13 de julio de 1902, siendo ésta testigo de por lo menos seis terremotos  que han destrozado la capital salvadoreña.

Fotografías cortesía de Luís Regalado, técnico en audiovisuales del MINSAL.
 





 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Nuevos apuntes históricos sobre el Hospital Rosales. Parte 1/3


Mi sentido común me apuntala señalando que es muy atrevido el título sugestivo que lleva el presente texto, ya que connotados cientistas de la salud han escrito sobre esta centenaria edificación que data desde 1902. Médicos como Carlos Infante Meyer y Salvador Infante Díaz han aportado sobre el tema a través de la publicación del libro: “Hospital Rosales: Una institución centenaria”; Rafael Cedillos et al (et al es una abreviatura de la expresión latina "et alii", que significa "y otros". Se usa cuando hay más de dos autores en una referencia, de tal manera que evita tener que enlistarlos a todos) quienes en su texto: “Apuntes históricos sobre el desarrollo de la salud pública en El Salvador” redactaron diferentes notas relacionadas con este nosocomio; así como otras obras de menor amplitud o envergadura, pero de gran riqueza y contribución, de renombrados/as salubristas salvadoreños/as.

El aporte de estas notas pretenden contribuir desde la óptica de que no nos centraremos únicamente al legado que ha dejado esta institución, sino más bien al escenario social, político, económico y cultural que ha girado alrededor de ésta. Hablar, entonces, del nacimiento del Hospital Rosales es estar imbuidos en el siglo XIX y sólo entenderemos estos procesos pensando la historia, es decir, ubicándonos en el contexto del mundo de las ideas o del pensamiento de ese periodo. Seré enfático refiriéndome a que el siglo XIX se caracterizó por configurar a América Latina, y por ende El Salvador, en un nuevo patrón de poder mundial de corte eurocéntrico (todas las líneas venían del viejo mundo) y capitalista.

Corre el año 1807 y es en este punto de la historia que se funda el Hospital General de San Salvador. Ya para este tiempo existían en la ciudad capital dos médicos, doce cirujanos (barberos) y 26 curanderos. La lógica sanitaria que se seguía, en ese entonces, estaba fundamentada en la tradición de la medicina traída por los conquistadores españoles, la cual era ejercida por barberos, sangradores y cirujanos empíricos. El referido Hospital General fue fundado, en el mencionado año, por el insigne ciudadano peninsular Don Fernando Antonio Escobar (peninsular era el título que se le asignaba a la clase social privilegiada y opulenta de ese tiempo, caracterizada por ser españoles nacidos en la península ibérica y que gobernaban tanto en las audiencias como en los episcopados; existían en la pirámide de poder en su orden: peninsulares, criollos, mestizos y mulatos, indios y por último los negros) quien fue un fervoroso católico seguidor de la congregación franciscana y poseedor de grandes extensiones de tierra en las cercanías de lo que actualmente es el municipio de Guazapa, conocida como san Jerónimo, las cuales vendería y utilizaría para la edificación de esta institución sanitaria.

¿Fue realmente el “deseo” de este ciudadano español vender todas sus propiedades y destinarlas para la construcción de este hospital?, que en sus inicios bautizó con el nombre de Casa de la Caridad y Capilla de Patrocinio -institución que se convertiría más adelante en el Hospital General de San Salvador- o ¿habrá sido el escenario de expropiaciones que se darían en la naciente etapa de luchas por la independencia de la dominación del imperio español y del proceso de formación de los nuevos Estados Centroamericanos?

Esta guerra de independencia en la región se da entre los años 1808 a 1825 y más que un deseo independencista, fue un levantamiento de la oligarquía criolla con apoyo de pocos indígenas y mestizos (los criollos era la otra clase social privilegiada: hijos de españoles pero nacidos en América; gobernaban los cabildos -hoy alcaldías- y tenían algunos cargos administrativos o de confianza) quienes se rebelaron contra los españoles. Para el caso de nuestro país la guerra de independencia no fue una guerra de corte popular, como lo fue el más reciente conflicto armado que data de los años 1980-1992. La influencia eurocéntrica y la tardía revolución francesa marcada, entre otras cosas, por la invasión de Napoleón en la península ibérica y el debilitamiento del imperio español fueron los factores externos que aprovecharon los criollos para emanciparse contra el dominación imperante.

Luego del fallido intento de anexión a México en 1822, se promulgó en 1824 la Constitución de la Federación Centroamericana. Los intereses, aislamiento y rivalidades de los países de la región, hizo que este proyecto federal fracasara y poco a poco se fueron asentando los actuales Estados de Centroamérica.
Fue en 1882 cuando la Junta Directiva del Hospital General de San Salvador se planteó la necesidad de un nuevo edificio: más grande, con mejores condiciones higiénicas y de infraestructura resistente a los terremotos. Cabe mencionar que el periodo decimonónico se caracterizó por una dinámica telúrica constante (Cfr. el artículo de Carlos Cañas Dinarte alusivo a los terremotos denominado: “El Salvador: cronología de una tierra danzarina” en http://elsalvador.com/noticias/terremoto/cronologia.htm ).

Datos importantes que acompañan paralelamente la necesidad y surgimiento de un nuevo Hospital fueron la fundación de la Universidad de El Salvador el 16 de febrero de 1841; ya en agosto de ese mismo año se crean las Juntas de Caridad para la administración de estos sanatorios. En 1849 se constituye un cuerpo técnico denominado protomedicato, el cual era el encargado de vigilar el ejercicio de la profesión médica, la facultad de medicina, farmacias, salubridad pública y parteras o comadronas. El protomedicato fue una figura creada en España en el siglo XV; en el siglo XVI se extendió a las diferentes colonias pertenecientes a la Corona. Un dato curioso es que mientras los protomedicatos fueron suprimidos en diferentes colonias a principios del siglo XIX, en El Salvador tuvo pleno auge en la cintura de esa centuria. Para diciembre de 1852 la facultad de medicina de la Universidad de El Salvador reporta el primer doctor en medicina graduado. El surgimiento de nuevos galenos y el modesto crecimiento del gremio médico hace que en 1861 se prohíba a los barberos ejercer la alta cirugía; sólo se les deja practicar la pequeña cirugía, extraer muelas y abrir pequeños abscesos.

Otra nota importante que se suma a la construcción de un nuevo nosocomio es la explosión demográfica que, para finales del año 1883, en la ciudad de San Salvador era más que notoria. Para este punto de la historia se calcula que la población de la capital era alrededor de 60 mil habitantes. Una década atrás se había gestado una nueva crisis liberal en el país, en la que los nuevos cafetaleros se apoderaron del Estado de forma violenta y decidieron modernizarlo secularizándolo de manera definitiva. Para ello, establecieron la libertad de culto, el matrimonio civil y el divorcio, la libertad de prensa; transformaron los registros civiles, los cementerios y la educación que estaban a cargo de la iglesia; al mismo tiempo que suprimieron las órdenes religiosas y contemplativas, y el fuero eclesiástico. La secularización de los Estados de la región fue precedida de agresivas campañas anticlericales. Esta última reseña nos explica el paulatino retiro de las hermandades cristianas y Juntas de Caridad de índole religioso al interior de los diferentes centros hospitalarios establecidos en el país.
Ya para 1876 El Salvador estaba sumergido en una inminente guerra con Guatemala, conflicto que llevó en 1885 a ofrendar la vida de Don Alberto Toflet, ciudadano francés radicado en nuestro país, quien fue el responsable de levantar los planos de lo que hoy día es el Hospital Nacional Rosales.

Siempre en el contexto del año 1883, mediante una convocatoria de carácter popular se da a conocer las intenciones, necesidades y limitaciones de contar con un centro que reuniera las condiciones de un hospital de primer nivel; producto de esta consulta surge la propuesta de constituir un fondo que permitiera concretizar la construcción de dicha obra; hay una difusión generalizada que el costo de la construcción de la misma ascendía a los cien mil pesos de la época. Debido a las dificultades de reunir dicho monto el inicio en su construcción tuvo que retrasarse hasta el 12 de mayo de 1892, fecha en la que ya se contaba con un benefactor y proveedor de los recursos necesarios: Don José Rosales, persona que propició la realización de las edificaciones atestando como irreversible y único heredero al Hospital General de San Salvador; infraestructura que una vez finalizada fue inaugurada el 13 de julio de 1902 y que en homenaje a su acto de filantropía se le llamó Hospital Rosales. La edificación se entregó a la población disponiendo de 42 habitaciones e inició sosteniéndose con capital proveniente de la Lotería Nacional y aportes del gobierno.
Los orígenes históricos del surgimiento del Hospital Nacional Rosales contemplan la adquisición de los actuales y otros inmuebles que datan desde 1888, los cuales -como ya se dijo anteriormente- estaban destinados para la creación del Hospital General de San Salvador. Desde su surgimiento, la pretensión de este nosocomio era convertirlo en un complejo y completo centro nacional de especialidades médicas; situación que hizo necesario adquirir una gran cantidad de terrenos, que con el paso del tiempo han sido transferidos, sin conocer a cabalidad las causas (improviso considerando las prebendas, cuotas políticas, en pago, comodatos, decretos, entre otros), a otras instituciones tales como: Hospital Militar, Hospital Oncológico del Instituto Salvadoreño del Seguro Social -ISSS- , Hospital Médico Quirúrgico del ISSS, Hospital de Maternidad, Escuela de Medicina de la Universidad de El Salvador conocido como La Rotonda, Instituto del Cáncer, parque Cuscatlán y terrenos colindantes al Cementerio General, entre otros.

Sobre este último y otros puntos profundizaremos en la parte 2/3 de este espacio virtual.

* Fotos cortesía de Luís Alberto Regalado, técnico en audiovisuales del Ministerio de Salud.

domingo, 10 de febrero de 2013

El desenlace final del agua y los dinosaurios.


Algunos lectores dirán que es un nombre raro, simple y confuso para título de un artículo. Ambiguo para otros, porque como diría el teólogo, filósofo y ecologista brasileño Leonardo Boff en su parafraseo: evoca, provoca y convoca a pensar muchas cosas. Haciendo una hilación con los términos, el agua y los dinosaurios tienen un punto común y está relacionado con la ley de la conservación de la materia o ley de Lomonósov-Lavoisier (elaborada independientemente por Mijaíl Lomonósov en 1745 y por Antoine Lavoisier en 1785), la cual se simplificó en la frase: «la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma». Quiere decir lo anterior que la cantidad de agua en nuestro planeta ha sido la misma desde hace millones de años, en igual cuantía desde la era dinosauria; lo que ha variado es su estado, proporción, calidad y posesión de la misma. Sobre esto último los pobres somos los que más sufrimos los efectos del agua en situaciones extremas: carestía, enfermedad y muerte en épocas de escasez y desastres naturales o antrópicos en situaciones de lluvias excesivas (que se traducen también en más pobreza, epidemias y muerte).

Ahora bien, la idea inicial del nombre de este texto -y posterior reflexión de este tema- surge en una sesión de los talleres literarios que conduce Mauricio Vallejo Márquez de la cual participé y en función de hacer una ejercicio poético, recordé algunos comentarios que la población me compartió a la luz de una investigación relacionada con los «Conocimientos, percepciones y comportamientos sobre el agua para consumo humano en hogares rurales». Respecto al conocimiento sobre el origen del agua muchos de los personas encuestadas en el estudio lo atribuyen a razones míticas, religiosas y folklóricas. Dentro de los mitos una de tantas historias fantásticas es que las montañas son fuente inagotable de este recurso resultado de antiguos choques de meteoritos con las serranías; lo cual traté de representar en una especie de poesía para alguien, que como yo, no se considera poeta.

Hidrogénesis:
De una estrella fugaz se desprende un carruaje incandescente que como bola de billar impacta en lo que es el azul planeta.

Del choque violento se amalgama el aparecimiento de una montaña, donde en su seno empieza a brotar la savia vital que permanecerá saturando el soluto, que desde la era de los dinosaurios permanece con igual volumen.

Millones de años han pasado…el cielo, de vez en vez, llora inconsolablemente inundando parcelas, anegando cultivos, arrasando lo que encuentra; arrastrando a pobres seres y seres pobres ¡vida llevando vida!

La escorrentía te arrastra juguetonamente hasta la inmensidad, donde perdurarás hasta volver a nacer.

Volviendo a la composición literaria, en ella se articula un nexo de origen y fin en la que tiene que ver un mismo fenémono: el impacto de un meteorito. Ya comentamos el mito del origen del agua. Ahora presentaremos y representaremos la teoría de la extinción de los dinosaurios (cfr. www.dinosaurios.info). Esta teoría explica que hace muchos millones de años un meteorito de gran magnitud impactó sobre nuestro planeta provocando estragos; muchos improvisan afirmando que es la circunferencia ubicada en el golfo de México. Esta colisión provocó grandes incendios (más de dos tercios de los continentes estuvieron en estado incandecente). El fuego interrumpió la fotosíntesis de las plantas lo que provocó que se redujera casi hasta el total el oxígeno del planeta.

De igual manera, una nube enorme formada por vapor de agua, residuos rocosos, gases liberados, elementos metálicos y polvo, se extendió por toda la estratósfera e impidió el paso de los rayos solares. Al no poder penetrar el sol descendió la temperatura, los lagos se congelaron y miles de especies de plantas murieron. La nube se mantiene durante años lo que produce la muerte de la vegetación, de los herbívoros y los carnívoros. En estas condiciones tan adversas, los más capacitados para subsistir fueron los animales de pequeñas dimensiones.

Sobre el agua, como origen y fuente de vida, se ha escrito y se seguirá escibiendo mucho. Tales, de la antigua ciudad de Mileto -hoy Turquía- (624 a.C.-?, 548 a.C.), filósofo de la naturaleza y considerado padre de la filosofía griega, estaba intrigado por conocer el origen de todo ¿De dónde surgió todo y de qué está hecho? ¿Y cómo se hizo? Al observar y estudiar el agua en sus tres estados -líquido, sólido (hielo) y gaseoso- Tales llegó a una conclusión: «Todo procede del agua». No se sabe exactamente lo que quería decir con eso. Quizás opinara que toda clase de vida tiene su origen en el agua, y que toda clase de vida vuelve a convertirse en agua cuando se disuelve. Es probable que se preguntara cómo el agua puede convertirse en hielo y vapor y luego volver a ser agua de nuevo. De lo que si hay que estar seguro en Tales es que se interesó en desmitificar los dioses de Homero por el conocimiento del mundo y de los astros. Al fijar Tales al agua como origen de la vida y del cosmos, estaba poniendo las bases de la filosofía materialista: Todo tiene un principio en la materia. Tales pensando en el agua como elemento vital, es decir de divinidad, es obra y arte de un elemento creador y dador de vida entró en una aparente contradicción considerando este líquido como ingenio u obra de un dios: «Todo está lleno de dioses»... «nada puede salir de la nada» (fundamento del modo de pensar idealista).

Por lo anteriormente expuesto, a Tales se le atribuye haber puesto las bases de dos corrientes filosóficas que hasta hoy han tratado de explicar el mundo: La materialista (la realidad es pura materia) y la idealista (la realidad es sólo vida divina). Bueno, sobre estas escuelas o modos de pensar trataremos en el próximo artículo: «La epistemología como puerta de entrada a la filosofía de occidente».

Ejemplos como los anteriores hacen que perduren una gran cantidad de creencias míticas y religiosas alrededor del origen del agua. En algunos casos, los nacimientos u ojos de agua se le atribuyen a la voluntad de Dios o a milagros de determinados santos; en otros, ciertas leyendas buscan explicar la aparición de fuentes de agua o la pérdida de las mismas. El desconocimiento de las etapas del ciclo del agua en gran parte de la población y la influencia de los movimientos religiosos de corte fundamentalista que dejan el destino del agua en las manos de Dios, son dos factores que hacen que la gente no esté consciente de cómo sus acciones pueden afectarle favorable o desfavorablemente en lo que al tema del agua concierne.

Nuestra realidad presenta grandes paradojas sobre este tópico: Entre 1,800 a 2,200 milímetros de agua lluvia han reportado como promedio anual las instituciones ambientalistas del país en este último quinquenio. Dicho en otras palabras, si El Salvador tuviese una figura y estructura de pila (aunque ya parece por tanto cemento), donde no hubiese escorrentías ni infiltración, el nivel del agua subiría y taparía a personas de baja estatura, como su servidor, porque en su conversión matemática estaríamos calculándola a un nivel entre 1.8 a 2.2 metros ¿Mucha agua, verdad?

Entonces, ¿cómo es posible que cayendo del cielo tanta agua, tanta gente...gente pobre no la tenga? Cómo explicarse que sólo en la calle 5 de noviembre (sin tomar en cuenta otros puntos) de San Salvador existan alrededor de 25 “carwash” consumiendo diariamente cientos de litros de agua dejando a igual número de familias sin el vital recurso. Cómo explicarse que los propietarios de estos negocios dispongan servicios de agua con tarifa domiciliar, pagando una miseria en comparación con el excesivo consumo. Mientras otras familias, viviendo miserablemente, disponen de su limitado presupuesto familiar altos costos en captar de agua de dudosa calidad. Las mujeres, por la imposición de roles, son las más afectadas por el contacto e impacto que tienen por la sobrecarga de sus funciones en la obtención, traslado, uso y calidad del recurso. Las y los funcionarios públicos y muchos políticos de este país que más se llenan la boca hablando de las inequidades sociales son las que más la permiten o fomentan; dicho en otras palabras: no hay coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Retomo palabras del filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel quien cita: «La democracia no se justifica si no se asegura la vida».

Ahora bien, respecto a este caso no sólo es el excesivo consumo de agua el problema, sino la permanente sobrecarga a la que se ve sometida la antigua y obsoleta red de alcantarillados, que tarde o temprano va a tener que colapsar.

A manera de epílogo y retomando la ley de la conservación de la materia a alguien se le podría ocurrir que el agua que en la actualidad existe en la Tierra es la que siempre va a haber...y tiene sentido: Tres cuartas partes de nuestro planeta están rodeadas de agua; sin embargo, sólo el 3% del agua que existe es dulce y gran parte de ésta se encuentra en los polos en en estado sólido. Lo que sucede es que el agua dulce, la que es apta para consumo humano cada vez es menor por su mal uso, su indebido usofructo y alto nivel de contaminación. A manera de ejemplo, lo que en un tiempo fue el río Acelhuate (entendiendo río como el afluente o corriente natural de agua que fluye con continuidad) hoy día es una corriente de a saber qué líquidos, en lo que en su seno lo que menos existen son seres con vida.

El otro punto en común al que quería llegar en este texto sobre los términos agua y dinosaurios, es que estos últimos ya están extintos y el primero va ya en esa dirección.



La epistemología como puerta de entrada a la filosofía de occidente. Parte II


 En la parte I de este ensayo, que se publicó en este mismo blog, finalizamos provocando a nuestros/as amigos/as lectores/a preguntándoles si anteriormente habían tenido algún contacto o aproximación con los términos como dogmatismo, escepticismo, racionalismo, empirismo, idealismo, realismo, entre otros. Es importante mencionar que éstas no son las únicas escuelas de pensamiento resultado del dual epistémico sujeto y objeto, hay otras más que se distinguen por no ser tan opuestas o antagónicas como las ya citadas.

Comentábamos también, en el mismo texto, sobre la necesidad de hacer un abordaje o acometida sobe los cinco problemas epistemológicos, los cuales también son resultado de ese dualismo entre sujeto y objeto. Los cinco problemas son los siguientes: sobre la posibilidad del conocimiento; el origen del conocimiento; la esencia del conocimiento; las formas del conocimiento y el problema de la verdad.
 
Respecto al problema de la posibilidad del conocimiento aparece la siguiente incógnita ¿puede realmente el sujeto conocer, aprehender (capturar) al objeto? Si la postura
–como muchos pensadores han decantado- es que SÍ se puede conocer al objeto se ha optado por el dogmatismo. De ser la respuesta negativa, es decir el sujeto NO puede conocer al objeto, nos hemos adentrado al escepticismo. Aproximándonos a cada uno de estos términos extremos, podemos decir que dogmatismo (vocablo que deriva de dogma y este a su vez se interpreta como doctrina fija; hipótesis que se acepta sobe prueba; decreto; especie de tesis) es un sistema de ideas en la que se afirma la posibilidad del conocimiento humano, y la validez de principios que la razón reconoce como evidentes, es decir, es creer en algo sin antes haberlo comprobado y que tu crees en lo que te dicen simplemente porque tiene fe; contrariamente al dogmatismo entenderemos al escepticismo (viene del griego skeptomai que significa examinar, considerar, observar) como la doctrina filosófica que niega la existencia de la verdad o la capacidad del hombre para conocerla. En la filosofía clásica el escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda y el oficio del filósofo precisamente es eso: dudar.

Pensadores como Tales de Mileto, Pitágoras, Parménides, Heráclito, Anaxímenes, Anaximandro, entre otros, son considerados como representantes del dogmatismo. Pirrón, Georgias de Leontini, Protágoras, Sexto Empírico, Francisco Sánchez, entre otros, son preciados como exponentes del escepticismo.

Es a Johannes Hessen (1889 – 1971), filósofo alemán, uno de los intelectuales a quien se le reconoce su enorme esfuerzo por clasificar las diferentes posturas del pensamiento contemporáneo, las cuales están sistematizadas en su libro denominada “Teoría del conocimiento”. En ese afán Hessen determina que dentro de las diferentes posturas extremas existen escuelas de pensamiento intermedias. Es así como de la dualidad dogmatismo – escepticismo derivan otras vertientes como el subjetivismo, llamado también relativismo; el pragmatismo; el criticismo y el positivismo.

Siempre con la lógica acorde a la constitución del sujeto cognoscente surge la pregunta ¿cuál es el origen del conocimiento? Este conocimiento ¿viene de adentro del ser humano, es decir de la razón?; ¿viene del exterior o entorno y es captado a través de los órganos sensoriales? o ¿viene de Dios?

Si partimos porque el conocimiento es propio de la razón nos encausamos a la doctrina epistemológica denominada racionalismo. Etimológicamente racionalismo viene de la palabra latina “ratio” = razón. En general, el racionalismo lo entenderemos como la absolutización de la razón; se da con mucha fuerza en la época moderna, aunque no surgió en este período, porque desde mucho antes, se habían dado intentos en torno a la razón frente a los hechos de la experiencia. Entre sus exponentes tenemos a Platón, san Agustín, Renato Descartes, Blas Pascal, Nicolás Malebranche, Baruc Spinoza, Godofredo Leibniz, entre otros. De manera opuesta, si optamos porque el conocimiento es producto de la experiencia sensorial nos inclinamos a la escuela de pensamiento denominado empirismo. Para esta doctrina no existen ideas innatas, es decir, el origen de nuestros conocimientos no está en la razón, sino en la experiencia, ya que todo el contenido del pensamiento primero ha tenido que pasar por el tamiz los sentidos. Empiristas fueron los sofistas, epicúreos, estoicos, John Locke, David Hume, entre otros.

Corrientes intermedias entre estas dos posturas extremas están el intelectualismo y el apriorismo.

Por otra parte, abordando el tercer problema epistemológico surge la pregunta sobre la esencia del conocimiento: De acuerdo a la relación sujeto – objeto ¿quién (qué) determina a quién? (qué). Dicho en otras palabras si es el sujeto el que determina el conocimiento nos estamos enmarcando en la corriente filosófica llamada idealismo; si es al revés, es decir, es el objeto (la realidad) la que determina el conocimiento penetramos a otra escuela de pensamiento denominada realismo.

Fue Leibniz quien empleó el término idealista al referirse a Platón y a otros autores para quienes la realidad está determinada por la forma o el mundo de las ideas.
La filosofía idealista de la época moderna se funda igualmente en las ideas, aunque el significado moderno de la idea no siempre es igual al del platonismo, pero no podemos separarlo de su sentido antiguo.

El término realismo se aplica a la doctrina que manifiesta que los objetos comunes percibidos por los sentidos, como mesas y sillas, tienen una existencia independiente del propio ser percibido.

De estas afluentes de conocimiento se desprenden otras no tan antagónicas como el objetivismo, el subjetivismo y el fenomenalismo.

En cuanto a las formas del conocimiento, estas doctrinas no son tan dualistas, polares u opuestas como las primeras tres que abordamos. Acá tenemos el conocimiento mediato (discursivo) y el conocimiento intuitivo (inmediato). Mediante el conocimiento discursivo la conciencia relaciona, compara y enlaza los objetos que desea conocer. El conocimiento intuitivo, contrariamente, está referida a la captación directa de colores, tamaños, formas, es decir, cualidades sensibles; pero también la captación de la validez de axiomas o principios matemáticos o lógicos.
Sobre el problema de la verdad, lo que acá interesa es el concepto de verdad y los criterios de la misma. Respecto al primero existen diferentes posturas tales como la verdad tanto correspondencia entre conocimiento y objeto; la verdad como coherencia lógica y la verdad como utilidad práctica (pragmatismo). El concepto de verdad está ligado con la esencia del conocimiento (es verdadero o falso). Sobre los criterios para determinar la verdad tenemos los criterios de autoridad; el asentimiento universal; el sentido común, la necesidad lógica; la evidencia y el criterio de la experiencia.

Con todos estos elementos Hessen hace dos concepciones: concepción del pensamiento y concepción del universo. ¿Qué es lo primero que notamos? Obviamente lo que hay fuera, luego nos damos cuenta de mi existencia: descubrimiento del yo. Hay autores que dan más cuenta o interés del yo. Contrariamente a los filósofos griegos de la naturaleza con Sócrates hay un viraje, porque pasa de los principios fundamentales de la naturaleza a la acción humana (bien-mal, virtud, la moral). Con Sócrates y Platón la concepción del pensamiento (atención a nosotros mismos=pensar el pensamiento, la moral, el yo, el ser humano) pasa a concepción del universo (cosmológica).

El ser humano cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta más urgente cuestionarse sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. Es por ello que con este ensayo hemos tratado de hacer de manera sinóptica un recorrido a lo largo de la historia del pensamiento humano de occidente y la búsqueda insaciable de la verdad.

Si muy bien la filosofía no está para transformar el mundo como ya lo dijo Marx, es imperioso conocer la historia del pensamiento humano para interpretarlo.




La epistemología como puerta de entrada a la filosofía de occidente. Parte I


La epistemología como puerta de entrada a la filosofía de occidente. Parte I
Desde sus orígenes la filosofía ha abordado grandes problemas de la humanidad aun sin respuestas y en un constante y permanente debate. Dilemas como la verdad, el mal, la existencia, la realidad, la libertad, la muerte, la moral, la belleza, la mente, el lenguaje, el conocimiento, por citar algunos. Aunque para muchos autores, filósofos en su mayoría, uno de los principales enigmas de la filosofía es ella misma. Cuando organizamos racionalmente lo que sabemos y valoramos el sentido que tiene lo que hacemos, con el fin de transformar los conflictos que nos rodean, nos estamos adentrando, consciente o inconcientemente, al campo de la filosofía. Sólo quien penetra al campo de la filosofía tiene, realmente, una noción de lo que ésta es.

Para cada uno de los problemas mencionados la filosofía ha tratado de dar respuesta y para ello han surgido diferentes disciplinas, las cuales -de manera didáctica- me la representó hace un par de años mi maestro de epistemología: Herman Feussier Binder, a través de lo que él le llama la «casa de la filosofía» y la que he retomado para ilustrar mejor esta idea.
Figura No. 1. La casa de la filosofía.

De todas las cuestiones mencionadas, el tema del presente ensayo está relacionado con el problema del conocimiento. Y es por ahí, como deber ser, que tuvo que haber emergido la filosofía y no como realmente fue: Donde los antiguos filósofos griegos empezaron a dudar y problematizar sobre aspectos como lo metafísico, es decir, ¿Qué es el ser? Que traducido a nuestro lenguaje es ¿Qué es la realidad? Por temas como lo bello y lo que no lo es (campo de acción de la estética); con el bien y el mal (objeto de estudio de la ética); con lo hoy actualmente llamado antropológico, respondiendo a la pregunta ¿Qué es el hombre?, entre otros enigmas.

Con la física de la naturaleza (fis=naturaleza e ica=tratado sobre) es donde históricamente entró la filosofía (idealmente debió haber sido por la epistemología, como ya se comentó anteriormente). No por gusto las ciencias físicas emergen de la filosofía.

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Una de las primeras reflexiones filosóficas que los griegos hicieron es interrogarse sobre la realidad, es decir cuál es el principio de la realidad. A este principio fundante de la realidad es a lo que los griegos le denominaron arquê (arquitectura).

Una de las primeras escuelas que interactuó con una forma del conocimiento y que floreció por el año 600 aC fue la llamada escuela jónica, a cuyos integrantes también se les identifica con los nombres de presocráticos e hilozoistas; este último término deriva de raíces griegas que significan: hyle, materia; zoé, vida. A estos primeros pensadores también se les llamó filósofos de la naturaleza porque se interesaban por la naturaleza y sus procesos. Por alguna razón estos filósofos estaban intrigados por conocer el origen de todo ¿De dónde surgió todo y de qué está hecho? ¿Y cómo se hizo? De lo que si estaban claros es que “nada puede salir de la nada”. Empieza por Tales de Mileto (624 a.C.-?, 548 a.C.) quien fija al agua como origen de la vida y el cosmos; y termina con Demócrito (460 a.C.- 370 a.C.) quien ya considera como materia fundante unas piezas pequeñas e invisibles que denominó átomos. Entre medio de estos estudiosos ubicamos a otros precursores -no a todos- como Anaximandro (la materia primaria de la realidad es «lo indefinido»); Anaxímenes («el origen de todas las cosas es el aire»); Parménides («el ser es lo que es, fuera del ser no hay nada; el ser es eterno porque no puede provenir de nada»); Heráclito (en cuanto al elemento primario que todos buscaban, eligió el fuego); Empédocles llegó a la conclusión de que no sólo hay un elemento fundante, sino que la naturaleza tiene en total cuatro elementos o «raíces» interactuantes: tierra, aire, fuego y agua. Hay otros filósofos y escuelas en el proceso del pensar que no hemos comentado… pero volvamos al tema en cuestión.

Los antiguos griegos talvez no debieron haber empezado cuestionando: ¿cuál es el principio de la realidad? sino más bien preguntarse: ¿puedo conocer la realidad? Con esto no queremos decir que los griegos no pensaron sobre el conocer porque sí lo hicieron; a su manera. A este abordaje sobre el conocer es lo que siglos después Ernst Reinhold (1832) denominó teoría del conocimiento. La teoría del conocimiento es parte de la filosofía que lo que hace es pensar si se puede conocer. En el orden de conocer debería ser primero la epistemología.

La epistemología como disciplina de la filosofía se encuentra ligada estrechamente a la gnoseología. La gnoseología investiga acerca de la naturaleza y extensión del conocimiento en general; la epistemología está más estrechamente a lo que posteriormente se conoció como ciencia o conocimiento científico.

Ya en su traducción al español gnoseología, epistemología y teoría del conocimiento son lo mismo, realmente el primer término es más inclusivo. La gnoseología es una palabra compuesta que deriva del vocablo griego «gnosis» que significa conocimiento y «logia» tratado. Epistemología también proviene del griego «episteme» cuya traducción es un poco compleja y se le ha dado el atributo también de conocimiento, pero como ya se explicó en el párrafo anterior, es un conocimiento más apegado a lo novedoso, a la comprobación, a lo que hoy llamamos ciencia; por lo que gnosis y episteme distan en que el último es un conocimiento más apegado al conocimiento científico, por tal razón algunas traducciones le dan la interpretación de episteme igual a ciencia.

A manera de resumen de este primer apartado, la epistemología es parte de la filosofía que lo que hace es pensar sí se puede conocer; por lo tanto la epistemología se podría entender, aparte de teoría del conocimiento, como teoría del pensar.

Haciendo una interpretación sobre la figura 1, la filosofía de occidente no entró por la epistemología sino por otras disciplinas. Aristóteles dejó como tributo hablar de todos los cuartos de la casa de la filosofía. Hay que destacar que la lógica (referida a las reglas del pensar racional correcto) y la epistemología son paralelas. En tal sentido, nuestras universidades que imparten la materia de filosofía deberían valorar incorporar como materias propedéuticas, tanto la lógica como la epistemología. Asimismo, a manera de exhortación, las casas de estudios superiores del país deberían revisar la misión de su institución, ya que en muchas de éstas sus misiones trasladan la importancia a la formación de profesionales (una especie de maquila de mano de obra productiva) más que a la generación de conocimiento. Insisto: La misión de las universidades no es formar profesionales, sino la generación del conocimiento.

Haciendo un paralelismo: Así como los primeros filósofos debatieron sobre la consideración del mundo (cosmologismo); después hicieron una reflexión hacia el propio “ego”, o sea, hacia el hombre y establecieron juicios acerca de la capacidad del hombre para conocer y para obrar; hoy día todas y todos -no necesariamente con talante y talento filosófico- estamos comprometidos a aportar en los diferentes problemas que aquejan a nuestra sociedad; como diría Karl Marx: «hasta ahora los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo». «Si para los primeros habitantes del planeta, el sol, la lluvia, el fuego eran objetos inexplicables, para el habitante del actual siglo existen aún muchas más incógnitas: Cómo curar el cáncer, cómo prolongar la esperanza de vida al nacer, cómo conquistar el universo, entre otros».

Nuestra actual forma de pensar del mundo de occidente tiene sus bases en la fundición o articulación del pensamiento griego y del pensamiento hebreo (cristiano). En ese sentido los griegos son considerados como los padres fundadores de la filosofía de occidente.

La base de todo el conocimiento parte de la dualidad epistémica: sujeto – objeto. La teoría del conocimiento es el resultado de las investigaciones acerca de la relación que existe entre el sujeto y el objeto. Es el entendimiento del desarrollo histórico del pensamiento (cfr. Gabriel Gutiérrez Pantoja. «Metodología de las ciencias sociales I»).

Etimológicamente sujeto se deriva del latín sub jectum, sub= abajo; jectum= la base; se descifra entonces como la fundición, lo que está abajo, en donde se apoyaría el conocimiento.

Por su parte, objeto procede también del latín ob jectum, ob= para; jectum= la base; lo que está puesto y se me antepone en el camino. Sólo el hecho de tener al objeto enfrente se me hace activo.

En esta medida los términos subjetividad y objetividad están vinculadas al sujeto y al objeto, respectivamente. Objetividad= tal como aparece / Subjetividad= como a mi me puede aparecer –visto desde mis lentes de lectura de la realidad-).

La teoría del conocimiento se define también como el estudio sobre la posibilidad, el origen y la esencia del conocimiento; es la identificación de los elementos interactuantes en el proceso del conocimiento.

En la parte II de este ensayo, a publicarse en este mismo blog, se profundizará sobre los cinco problemas epistemológicos: sobre la posibilidad del conocimiento; el origen del conocimiento; la esencia del conocimiento; las formas del conocimiento y el problema de la verdad.

Probablemente más de alguna vez Usted ha escuchado términos como dogmatismo, escepticismo, racionalismo, empirismo, idealismo, realismo, entre otros; estas escuelas de pensamiento son resultado de esa dualidad, de esa confrontación, de ese enfrentamiento entre sujeto y objeto. Pero estos temas los abordaremos en la parte II que encontrará en este mismo espacio.



viernes, 25 de enero de 2013

¿Estructuralismo o juego del lenguaje?


En los ensayos anteriores -publicados en este blog- nos hemos referido sobre los diferentes dilemas de la filosofía, específicamente con la cuestión del conocimiento y el nexo de éste con el pensar. En esta ocasión haremos un viraje sobre el vehículo del pensamiento que precisamente traslada ese conocimiento, nos referiremos entonces al lenguaje.

El lenguaje humano se caracteriza por su versatilidad, por su capacidad de representar objetos. El lenguaje evoca diferentes significados en distintas épocas. No significa lo mismo la rosa en literatura, que en biología o jardinería. El proceso de transformación del ser humano [hominización (determinados primates obtienen rasgos propios como el estado bípedo) y humanización (tiene que ver con la sociabilidad como el conocimiento y el mismo lenguaje)] es paralelo con el desarrollo evolutivo del lenguaje. Para Noam Chomski, filósofo y activista estadounidense, ciertas estructuras lingüísticas están dentro de la estructura innata del ser humano. De igual manera el lenguaje no se puede separar del contexto social porque se adquiere de manera social.

El lenguaje fue objeto de reflexión en la época de la antigua Grecia. Muchos pensadores griegos equipararon de algún modo “lenguaje” y “razón”: ser un “animal racional” significaba en gran parte ser un “ente capaz de hablar” y, al hablar, reflejar el universo. Para el filósofo Ernst Cassirer, la “pregunta filosófica por el lenguaje es en el fondo tan antigua como la pregunta por la naturaleza y por el origen del Ser”. Crátilo es la primera obra de la historia sobre lenguaje. Su autor, Platón, encabeza la relación de pensadores más influyentes de todos los tiempos. Esta obra plantea un debate sobre la naturalidad o convencionalidad de las palabras, en el que interviene Sócrates como árbitro de la cuestión. La historia de la lingüística ha apreciado en esta obra un antecedente de la teoría del signo lingüístico, el cual ha sido abordado por muchos pensadores como Ferdinand de Saussure, Charles Peirce, Jacques Lacan, Roland Barthes, Umberto Eco, Claude Lévi-Strauss, Michel Foucault,entre otros.


La semiótica o semiología es la ciencia que trata de los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas. Saussure fue el primero que habló de la semiología y la define como: "Una ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social". Considerar a los signos lingüísticos como una categoría de signos, es casi general, lo que hace de la lingüística una parte de la semiótica.

Por lo expuesto en los últimos párrafos, el estructuralismo ha ocupado un lugar importante porque, en nuestar vida cotidiana, nos estamos relacionando con puros signos; el signo lingüístico es un vehículo del pensamiento. El estructuralismo es un enfoque de las ciencias humanas que creció hasta convertirse en uno de los métodos más utilizados para analizar el lenguaje, la cultura y la sociedad. Por tanto, en términos amplios y básicos, el estructuralismo busca las estructuras a través de las cuales se produce el significado dentro de una cultura. El estructuralismo, como metodología, se divulga en París en la primera mitad de la década de los años sesenta del siglo pasado, y su base etimológica está en la raíz latina structura que significa construir. De acuerdo con esta teoría, el significado es producido y reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven como sistemas de significación (la preparación de la comida y rituales para servirla, ritos religiosos, juegos, textos literarios y no literarios, entretenimiento, entre otros).

Para Ludwig Wittgenstein, filósofo alemán, el pensamiento está traducido por obra y arte del lenguaje. Para él nosotros pensamos con el lenguaje; por eso la importancia de articular lenguaje y pensamiento. La pregunta acá es ¿estamos reflexionando sobre los límites del lenguaje o sobre los límites del pensamiento?

Wittgenstein era de la idea que la racionalidad que puede haber en el lenguaje conlleva mil juegos y contextos distintos, con reglas diferentes para cada uno. Cualquier significado y cualquier sentido que emane del lenguaje siempre es relativo, lo demás son tan sólo fantasmas. En sus propias palabras: “La filosofía es una praxis analítica y crítica del lenguaje, un estilo de vida y de pensar, no una doctrina”. La filosofía -según él- no es un cuerpo doctrinal, no tiene un lenguaje propio ni un método concreto, tan sólo intenta, a partir de preguntas sin fin, aclarar las cosas mediante el esclarecimiento de su presentación lingüística. Por esta forma de ver la filosofía Wittgenstein es considerado un anti-filósofo. Una de sus célebres frases es: “cuanto puede decirse , se puede decir claro; y si hay algo de lo que no se puede hablar, se debe callar”.

Contextualizando esta corriente de pensamiento con nuestra realidad, los salvadoreños y salvadoreñas nos topamos todos los días con una clase política que hace uso de estos juegos del lenguaje, nos dicen una cosa cuando realmente es otra. Hacen uso de juegos de palabras que no se apegan a la realidad. Utilizan términos “light” para no ser tan claras o evidentes las cosas. Expresiones como pueblo o popular han sido arrebatados por palabras “blandas” como sociedad civil; el uso de eufemismos como países en vías de desarrollo, cuando realmente somos países cuartomundistas; El Salvador: país de la eterna sonrisa, cuando sólo vemos en nuestra gente rostros de incertidumbre y angustia, entre otros.

Jacques Derrida, crítico literario y filósofo francés, fue uno de los primeros en destruir la pretension del estructuraralismo de haber contestado ya a todas las preguntas. Así que habría que considerarlo “desestructuralista” pues desestructura el lenguaje y los textos, y demuestra que el estructuralismo también tiene bases metafísicas. En ese sentido, nuestra labor como cientistas sociales, como personas que formamos parte del pueblo es esa: someter a un proceso de falsación lo que nos quieren imponer como verdad; desenmascarar lo que nos venden los medios. Con estas ideas pretendo persuadirles y porque no decirlo, provocarles.