sábado, 16 de marzo de 2013

Epistemología e investigación social. Parte III y final.



Iniciamos la parte final de este ensayo retomando la culminación de la parte dos del mismo, editado en la parte dos de este mismo blog. Abordábamos sobre el incesante debate entre las ciencias nomotéticas (ciencias que enuncian leyes de validez universal o principios generales) y las ciencias ideográficas (ciencias que emiten, representan o describen ideas). La “cuestión candente” o situación problematizadora entre cada una de éstas radicaba en el criterio de cientificidad de estas últimas. Eran realmente ciencias las diversas disciplinas que se acogen con el sobrenombre de humanas, sociales o del espíritu (historia, psicología, sociología, derecho, economía, pedagogía, antropología, entre otras). La respuesta dependería del concepto de ciencia que se utilizara como medida. Para ciertos eruditos o conocedores de la materia las disciplinas sociales constituían lo que ellos llamaban ciencias sociales; para otros no lo era: les faltaba emitir leyes como lo hacían las ciencias verdaderas o físico-naturales. Esta polémica la estamos contextualizando a partir del siglo XIX y que continúa hasta mediados del siglo XX. La polémica en sí la constituía lo que se entendería por ciencia ¿qué es la ciencia?  


En esto radica la importancia de estudiar epistemología: en conocer el conocimiento;  es decir, el tener una aproximación de las tradiciones importantes de la filosofía relacionados con el método científico. Si nos adentramos al horizonte  de la teoría del conocimiento o la filosofía de la ciencia, desde la altura de su historia y de la postura de los clásicos del pensamiento, identificamos dos vertientes: la aristotélica y la galileana. Ambas tradiciones tienen sus raíces y representantes del mundo griego. Aristóteles planteaba la explicación científica como una progresión o camino inductivo desde las observaciones hasta los principios / axiomas generales o explicativos. Lo anterior no significa que no se decantara por el enfoque deductivo, porque si lo hizo como un segundo momento de la referida explicación científica.   La tendencia galileana como “nueva ciencia” remplaza a la aristotélica considerando explicación científica como un hecho formulado en términos de leyes que relacionan fenómenos determinados numéricamente, es decir, matemáticamente. Referidas explicaciones tomarán las formas de hipótesis causales (perspectiva mecanicista). Haciendo una sinopsis de este párrafo la tradición aristotélica se inclina por la inducción y  la galileana por la deducción. A esta última, enmarcado en el contexto de tiempo o temporalidad,  pertenecieron Roger Bacon (1214-1292), Duns Scoto(1265-1308), Guillermo de Occam (1280-1349), entre otros. Estos personajes fueron influenciados por Platón, san Agustín, Anselmo de Canterbury, entre otros.  

El enfoque inductivo, como metodología,  fue recuperado gracias a los aportes de Francis Bacon a comienzos del siglo XVII, cuando el terreno investigativo estaba minado por deductivismo puro. Bacon se opone al segundo momento aristotélico y sostiene que la ciencia debe tener una dimensión práctica más que teórica. Propone el “método inductivo” que se basa en la razón, la experiencia y la observación como la verdadera forma de estudiar la realidad, contra el método falso deductivo (anticipación de la mente) propuesto por Aristóteles. El método inductivo se apoya en la lógica y como tal saca conclusiones generales de algo particular, es decir, es un proceso que permite pasar de los enunciados singulares (“Hoy he comido a las 9 horas”) a las leyes universales (“Siempre como a las 9 horas). Este caso es  el  ejemplo típico que se desagrega del libro: “Epistemología para principiantes” de Denise Najmanovich y Mariano Lucano.


El gran problema de los empiristas –que pretendían que la ciencia proviene exclusivamente  de la experiencia- era el de conseguir una demostración de la validez del razonamiento inductivo.


Ya el enfoque deductivo, y su respectivo método, lo habíamos abordado en la edición anterior. Ahora es el turno de comentar el método inductivo hipotético.

El método inductivo hipotético, mejor conocido como cualitativo, etnográfico, antropológico o caso único se caracteriza por presentar un esquema inductivo, es decir, parte de una situación problemática particular de la realidad construyendo en este proceso teoría, es decir un nivel de abstracción más alto o general del conocimiento. Por eso se dice que este método parte de lo particular a lo general, de lo concreto a lo abstracto. Tiene como objetivo la riqueza,  la profundidad y calidad de la información, no la cantidad, ni la estandarización. Una de las bondades de este método es que crea nueva teoría a partir de los hallazgos aprehendidos de la porción de la realidad estudiada.

Contiene datos descriptivos, es decir, las propias palabras de las personas, ya sean habladas o escritas, así como la conducta observable; comienza con interrogantes sólo vagamente formulados y todas las perspectivas son valiosas porque a todas las personas las ve como iguales, permite conocerlas a fondo y experimentar lo que ellas sienten sobre situaciones propias o problemas de su entorno, cuya esencia se pierde en otros enfoques investigativos. Asimismo, se preocupa por capturar experiencias en el lenguaje de los propios individuos, de conjugar comentarios de la viva voz de los testigos del estudio y de sus entornos naturales.

Con esta aproximación hemos tratado, de manera somera, de hacer un abordaje sobre esta polémica en lo que respecta a los paradigmas deductivo e inductivo.

Ahora, brevemente abonaremos a lo que respecta a la investigación operativa –IVOP- y al método dialéctico –MD-.

La investigación operativa nace de las milicias armadas de los Estados Unidos (fallo de misiles, portaaviones, radares, otros); el término de operativa surge logrando comprender diferentes procesos (áreas problemáticas, cuellos de botellas o nudos críticos) ya que precisamente, la disciplina donde se apoya este método es la teoría de sistemas. La IVOP parte del conocimiento minucioso del proceso cualificado y cuantificado. Este método  involucra proceso y operaciones (funcionamiento y proponer  soluciones).

La IVOP parte del análisis del problema el cual pregunta: ¿Quiénes consideran qué es un problema?, ¿por qué constituye un problema?, ¿este problema parte de otro mayor?, ¿sería más efectivo abordar un problema mayor?, ¿es prioritario resolverlo?, ¿es factible resolverlo ahora?, ¿tenemos recursos para resolverlo?, ¿quiénes se beneficiarán?,  ¿quiénes saldrán afectados?

En la síntesis de impresiones se identifican las deficiencias formulando preguntas claves para Identificación de deficiencias: ¿Cómo vincular las demás dependencias?, ¿quiénes conformarán equipo?

Método dialéctico:
Utilizado desde la década de los 90’s del siglo pasado;  su máximo expositor es Hugo Zemelman Merino. Parte  de leyes y categorías dialécticas como apariencia –realidad; fenómeno – esencia; sujeto – objeto; teoría – práctica; abstracto – concreto; forma y contenido; entre otros.

El uso de este método es crear nueva teoría, es decir pasa por un proceso dialéctico de construcción – desconstrucción – reconstrucción. Hace tres lógicas de una sola vez: Construye el objeto de estudio y lo reconstruye (el problema); aplica crítica epistemológica (lo que hace generar nuevo conocimiento) y propone alternativas de solución a la situación abordada.

Finalizo este esfuerzo epistemológico retomando metafóricamente un texto del cuento  del poeta y escritor argentino Jorge Luís Borges: «El jardín de senderos que se bifurcan», escrito en 1941, el cual en traducción gnoseológica quiere decir que los abordajes contemporáneos del conocimiento hablan de una red en permanente crecimiento, articulación y reconfiguración; los saberes se enredan, se entrecruzan, atraviesan, distinguen y confunden con las creencias, la información, la sabiduría, la comprensión, las explicaciones, las opiniones, las ciencias…no tienen fin.


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