domingo, 10 de febrero de 2013

La epistemología como puerta de entrada a la filosofía de occidente. Parte II


 En la parte I de este ensayo, que se publicó en este mismo blog, finalizamos provocando a nuestros/as amigos/as lectores/a preguntándoles si anteriormente habían tenido algún contacto o aproximación con los términos como dogmatismo, escepticismo, racionalismo, empirismo, idealismo, realismo, entre otros. Es importante mencionar que éstas no son las únicas escuelas de pensamiento resultado del dual epistémico sujeto y objeto, hay otras más que se distinguen por no ser tan opuestas o antagónicas como las ya citadas.

Comentábamos también, en el mismo texto, sobre la necesidad de hacer un abordaje o acometida sobe los cinco problemas epistemológicos, los cuales también son resultado de ese dualismo entre sujeto y objeto. Los cinco problemas son los siguientes: sobre la posibilidad del conocimiento; el origen del conocimiento; la esencia del conocimiento; las formas del conocimiento y el problema de la verdad.
 
Respecto al problema de la posibilidad del conocimiento aparece la siguiente incógnita ¿puede realmente el sujeto conocer, aprehender (capturar) al objeto? Si la postura
–como muchos pensadores han decantado- es que se puede conocer al objeto se ha optado por el dogmatismo. De ser la respuesta negativa, es decir el sujeto NO puede conocer al objeto, nos hemos adentrado al escepticismo. Aproximándonos a cada uno de estos términos extremos, podemos decir que dogmatismo (vocablo que deriva de dogma y este a su vez se interpreta como doctrina fija; hipótesis que se acepta sobe prueba; decreto; especie de tesis) es un sistema de ideas en la que se afirma la posibilidad del conocimiento humano, y la validez de principios que la razón reconoce como evidentes, es decir, es creer en algo sin antes haberlo comprobado y que tu crees en lo que te dicen simplemente porque tiene fe; contrariamente al dogmatismo entenderemos al escepticismo (viene del griego skeptomai que significa examinar, considerar, observar) como la doctrina filosófica que niega la existencia de la verdad o la capacidad del hombre para conocerla. En la filosofía clásica el escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda y el oficio del filósofo precisamente es eso: dudar.

Pensadores como Tales de Mileto, Pitágoras, Parménides, Heráclito, Anaxímenes, Anaximandro, entre otros, son considerados como representantes del dogmatismo. Pirrón, Georgias de Leontini, Protágoras, Sexto Empírico, Francisco Sánchez, entre otros, son preciados como exponentes del escepticismo.

Es a Johannes Hessen (1889 – 1971), filósofo alemán, uno de los intelectuales a quien se le reconoce su enorme esfuerzo por clasificar las diferentes posturas del pensamiento contemporáneo, las cuales están sistematizadas en su libro denominada “Teoría del conocimiento”. En ese afán Hessen determina que dentro de las diferentes posturas extremas existen escuelas de pensamiento intermedias. Es así como de la dualidad dogmatismo – escepticismo derivan otras vertientes como el subjetivismo, llamado también relativismo; el pragmatismo; el criticismo y el positivismo.

Siempre con la lógica acorde a la constitución del sujeto cognoscente surge la pregunta ¿cuál es el origen del conocimiento? Este conocimiento ¿viene de adentro del ser humano, es decir de la razón?; ¿viene del exterior o entorno y es captado a través de los órganos sensoriales? o ¿viene de Dios?

Si partimos porque el conocimiento es propio de la razón nos encausamos a la doctrina epistemológica denominada racionalismo. Etimológicamente racionalismo viene de la palabra latina “ratio” = razón. En general, el racionalismo lo entenderemos como la absolutización de la razón; se da con mucha fuerza en la época moderna, aunque no surgió en este período, porque desde mucho antes, se habían dado intentos en torno a la razón frente a los hechos de la experiencia. Entre sus exponentes tenemos a Platón, san Agustín, Renato Descartes, Blas Pascal, Nicolás Malebranche, Baruc Spinoza, Godofredo Leibniz, entre otros. De manera opuesta, si optamos porque el conocimiento es producto de la experiencia sensorial nos inclinamos a la escuela de pensamiento denominado empirismo. Para esta doctrina no existen ideas innatas, es decir, el origen de nuestros conocimientos no está en la razón, sino en la experiencia, ya que todo el contenido del pensamiento primero ha tenido que pasar por el tamiz los sentidos. Empiristas fueron los sofistas, epicúreos, estoicos, John Locke, David Hume, entre otros.

Corrientes intermedias entre estas dos posturas extremas están el intelectualismo y el apriorismo.

Por otra parte, abordando el tercer problema epistemológico surge la pregunta sobre la esencia del conocimiento: De acuerdo a la relación sujeto – objeto ¿quién (qué) determina a quién? (qué). Dicho en otras palabras si es el sujeto el que determina el conocimiento nos estamos enmarcando en la corriente filosófica llamada idealismo; si es al revés, es decir, es el objeto (la realidad) la que determina el conocimiento penetramos a otra escuela de pensamiento denominada realismo.

Fue Leibniz quien empleó el término idealista al referirse a Platón y a otros autores para quienes la realidad está determinada por la forma o el mundo de las ideas.
La filosofía idealista de la época moderna se funda igualmente en las ideas, aunque el significado moderno de la idea no siempre es igual al del platonismo, pero no podemos separarlo de su sentido antiguo.

El término realismo se aplica a la doctrina que manifiesta que los objetos comunes percibidos por los sentidos, como mesas y sillas, tienen una existencia independiente del propio ser percibido.

De estas afluentes de conocimiento se desprenden otras no tan antagónicas como el objetivismo, el subjetivismo y el fenomenalismo.

En cuanto a las formas del conocimiento, estas doctrinas no son tan dualistas, polares u opuestas como las primeras tres que abordamos. Acá tenemos el conocimiento mediato (discursivo) y el conocimiento intuitivo (inmediato). Mediante el conocimiento discursivo la conciencia relaciona, compara y enlaza los objetos que desea conocer. El conocimiento intuitivo, contrariamente, está referida a la captación directa de colores, tamaños, formas, es decir, cualidades sensibles; pero también la captación de la validez de axiomas o principios matemáticos o lógicos.
Sobre el problema de la verdad, lo que acá interesa es el concepto de verdad y los criterios de la misma. Respecto al primero existen diferentes posturas tales como la verdad tanto correspondencia entre conocimiento y objeto; la verdad como coherencia lógica y la verdad como utilidad práctica (pragmatismo). El concepto de verdad está ligado con la esencia del conocimiento (es verdadero o falso). Sobre los criterios para determinar la verdad tenemos los criterios de autoridad; el asentimiento universal; el sentido común, la necesidad lógica; la evidencia y el criterio de la experiencia.

Con todos estos elementos Hessen hace dos concepciones: concepción del pensamiento y concepción del universo. ¿Qué es lo primero que notamos? Obviamente lo que hay fuera, luego nos damos cuenta de mi existencia: descubrimiento del yo. Hay autores que dan más cuenta o interés del yo. Contrariamente a los filósofos griegos de la naturaleza con Sócrates hay un viraje, porque pasa de los principios fundamentales de la naturaleza a la acción humana (bien-mal, virtud, la moral). Con Sócrates y Platón la concepción del pensamiento (atención a nosotros mismos=pensar el pensamiento, la moral, el yo, el ser humano) pasa a concepción del universo (cosmológica).

El ser humano cuanto más conoce la realidad y el mundo y más se conoce a sí mismo en su unicidad, le resulta más urgente cuestionarse sobre el sentido de las cosas y sobre su propia existencia. Es por ello que con este ensayo hemos tratado de hacer de manera sinóptica un recorrido a lo largo de la historia del pensamiento humano de occidente y la búsqueda insaciable de la verdad.

Si muy bien la filosofía no está para transformar el mundo como ya lo dijo Marx, es imperioso conocer la historia del pensamiento humano para interpretarlo.




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